Pintar con palabras: mi experiencia creando imágenes con inteligencia artificial

Pintar con palabras: mi experiencia creando imágenes con inteligencia artificial

La primera vez fue un martes por la noche, con el pijama puesto. Una persona joven, muy paciente y muy amable, me dijo que podía crear una imagen con solo describirla. Yo, que aprendí a usar computadoras cuando pesaban lo que hoy pesa un refrigerador, no le creí del todo.

Pero escribí. "Un anciano con barba blanca paseando en triciclo por un pueblo de colores, atardecer dorado, estilo de pintura al óleo".

Esperé unos segundos. Y apareció.

Un anciano con barba blanca paseando en triciclo por un pueblo de colores, al atardecer, pintado como un óleo. Había luz dorada en las fachadas, sombras suaves, una calle empedrada. Y yo no había pintado nada: solo había dicho lo que quería ver.

Me quedé sin palabras. La miré, la amplié, la volví a mirar. A mi edad, uno ya cree que no le quedan muchas sorpresas. Me equivoqué: la tecnología me seguía guardando regalos.

Hoy quiero contarte cómo se siente esto por dentro y qué he aprendido en el camino. No para volverte experto, sino para que te animes a probar. Porque, créeme, si yo pude, cualquiera puede.

Cómo funciona, sin jerga

Vamos a lo esencial, porque sé que a muchos nos intimida la tecnología.

Imagina un programa que ha mirado millones de imágenes, y que con cada imagen ha leído una descripción. "Un perro en un parque". "Una ciudad bajo la nieve". "Una abuela tejiendo junto a la ventana". Después de mirar y leer tanto, el programa aprendió patrones: qué forma tiene un perro, cómo se ve la nieve, cómo se compone un atardecer, cómo cae la luz de una ventana.

Cuando tú escribes tu descripción, el programa no va a buscar una foto en un cajón. Dibuja, desde cero, pieza por pieza, una imagen nueva que se parezca a lo que describiste. Es como un pintor que aprendió mirando, y que ahora pinta al dictado.

Por eso se dice que "pintamos con palabras". Tú eres el artista que dirige. El programa es el pincel, un pincel con memoria de millones de obras.

No te preocupes por el nombre de la tecnología. Llámala "el pintor digital". Funciona igual, y suena más amable.

Qué me gusta crear

Mis primeras pruebas fueron retratos. Escribí: "Un médico de setenta años, barba blanca, sonrisa cálida, camisa a cuadros, fondo de biblioteca". El pintor me devolvió a alguien que se parecía a mí... pero con treinta años menos y bastante más pelo. Me reí mucho. Mi esposa también. Esa fue la primera foto de mi vida en la que no tuve que arreglarme para salir.

Descubrí que las imágenes de IA son perfectas para imaginar. ¿Cómo se vería mi triciclo en la playa? ¿Cómo sería mi casa de la infancia en Caracas convertida en ilustración de cuento? ¿Qué cara pondría el abuelo de la historia que le estoy escribiendo a mi nieta? Todo eso lo veo ahora, sin salir de casa.

También las uso para el blog. A veces una idea está a medias y no encuentro las palabras. Entonces la escribo como imagen. Y al verla dibujada, la idea se aclara. La imagen es un puente entre lo que pienso y lo que quiero decir. Hasta he descubierto que describir imágenes me ayuda a escribir mejor: obliga a observar detalles.

Y lo más bonito: no hay foto mala, porque no hay foto. No necesitas posar, ni peinarte, ni tener la casa limpia para el fondo. Escribes, esperas y listo.

Hay otra cosa que me emociona: reconstruir recuerdos. Un día describí la casa de mi abuela en Maracaibo, con su patio, su mecedora y el aroma a café. No era la foto exacta, claro, pero estaba más cerca de mi memoria que cualquier dibujo que yo pudiera hacer. La envié al grupo de la familia, y mis primos empezaron a contar historias de esa casa. Una imagen nacida de palabras había abierto una conversación que no teníamos hacía años.

Los límites: el pintor no es perfecto

Sería injusto no contarte lo que el pintor no hace bien. Porque también me ha hecho reír con sus errores.

Las manos, por ejemplo, han sido su eterna debilidad. Me ha regalado retratos con seis dedos o con manos que parecen guantes viejos. Con el tiempo ha mejorado, pero aún le cuesta. Si le pides una persona con las manos cerca de la cara, revisa los dedos antes de mostrarle la foto a nadie.

También se equivoca con los textos. Si le pido un letrero que diga "panadería", a veces escribe "panaderai" o letras inventadas, bonitas pero sin sentido. Y los rostros de personas reales y específicas no los copia: los inventa. Es importante tenerlo claro para no decepcionarse.

Aprender sus límites es parte de la diversión. Uno aprende qué palabras funcionan —"primer plano", "poca luz", "pintura acuarela", "estilo vintage"— y cuáles lo confunden. Es como entrenar a un ayudante talentoso y distraído: con paciencia, sacas cosas maravillosas.

Lo que hay que saber: no todo lo que ves es real

Aquí viene la parte seria, y quiero que la leas con calma.

Como el pintor es tan bueno, hay gente que usa estas imágenes para engañar. Fotos falsas de personas famosas diciendo cosas que nunca dijeron. Fotos de "noticias" que nunca ocurrieron. Personas que no existen, presentadas como reales. El ojo humano ya no basta para saber si una imagen es verdadera.

La regla que me he impuesto es simple: si una imagen me parece increíble, sospechosa o demasiado buena para ser verdad, no la comparto. Busco la fuente. Si no la encuentro, la dejo pasar. Un momento de duda vale más que una cadena de reenvíos. Eso de "piensa antes de compartir" ahora vale el doble.

Además, cuando yo comparto una imagen creada con IA, lo digo. No me interesa que crean que soy fotógrafo: me interesa ser honesto con quien me lee. La honestidad no ocupa memoria.

La ética del asunto

Y hablemos de ética, porque a mi edad uno le da vueltas a estas cosas. Puedo estar equivocado, pero creo que hay tres principios que funcionan.

Primero: no uses las imágenes para dañar a nadie. Ni para burlarte, ni para inventar cosas sobre personas reales, ni para hacer pasar por real lo que es inventado. El daño con una imagen falsa es rápido y profundo.

Segundo: no pidas imágenes de personas reales en situaciones comprometedoras. No hace falta explicar por qué. El límite está claro: si no se la mostrarías a esa persona, no la pidas.

Tercero: reconoce el trabajo. Los pintores digitales aprendieron mirando obras de artistas humanos, y hay un debate honesto sobre el derecho de los creadores. No tengo una respuesta definitiva, y creo que quien te diga que la tiene, se apura. Lo que sí sé es que lo justo es ser transparente: decir cuándo una imagen es mía, cuándo es de otro, y cuándo nació de palabras.

Pruébalo sin miedo

Si te quedó la curiosidad, aquí va mi invitación: pruébalo hoy mismo. No necesitas instalar nada raro ni aprender códigos. Hay programas gratuitos que se usan desde el navegador, como quien abre el correo. Escribes y esperas. Eso es todo.

La primera imagen nunca es la definitiva: es un borrador. Y ahí está la diversión. Corriges, cambias una palabra, y el pintor te devuelve otra versión. He pasado tardes enteras así, con mi nieta a un lado pidiendo más y más, como si fuera un juego de mesa moderno. Que lo sea es precisamente el punto.

Empieza simple. Una frase: "un gato tomando café en un jardín". Después ve añadiendo detalles: la luz, los colores, el estilo. Las descripciones cortas y claras funcionan mejor que las novelas. Yo lo digo por experiencia: a la primera me fui de largo y el pintor me regaló una escena que no tenía nada que ver.

Y no tengas miedo al ridículo. Yo pedí un retrato de mí mismo como astronauta en la luna. No me arrepiento. La tecnología es un juguete serio, y los juguetes están hechos para jugar.

Hace unos meses no sabía que podía pintar con palabras. Ahora, cuando quiero ver una idea, la escribo y la veo. No soy un artista, pero me siento un poco más cerca de serlo. Y eso, a los setenta y dos años, es un regalo.

¿Ya probaste alguna vez crear una imagen con palabras? Cuéntame en los comentarios qué pediste y cómo te fue. Y si todavía no lo has probado, dime: ¿qué imagen te gustaría ver primero? La escribimos juntos, aquí mismo.


Nota editorial:
El contenido de este artículo tiene carácter informativo y educativo. No sustituye la consulta con un profesional de la salud.

Dr. Jose A. Cisneros.MD,PH.D @drcisneros.com

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