El robot que aprendió a operar

El robot que aprendió a operar

La inteligencia artificial acaba de dar uno de los pasos más importantes hacia la cirugía autónoma. No significa que los cirujanos vayan a desaparecer, pero sí que estamos entrando en una nueva etapa de la medicina por IA


"Durante siglos construimos máquinas para ampliar la fuerza de nuestras manos. Ahora estamos empezando a construir máquinas capaces de colaborar con nuestro razonamiento."

Hace apenas unos días, numerosos titulares anunciaban una noticia que parecía salida de una novela de ciencia ficción:

"Un robot guiado por inteligencia artificial realizó una cirugía con una precisión casi perfecta."

Muchos interpretaron inmediatamente que los robots estaban a punto de reemplazar a los cirujanos.

No es cierto.

Pero tampoco estamos ante una noticia cualquiera.

Lo ocurrido representa uno de los avances más importantes en cirugía robótica de los últimos años y nos permite vislumbrar cómo podría ser el quirófano del futuro.

La verdadera noticia no es que un robot haya operado.

La verdadera noticia es que un robot ha comenzado a aprender a operar de una forma sorprendentemente parecida a como aprende un ser humano.


La cirugía robótica ya existía

Cuando un paciente escucha que será sometido a una cirugía robótica, suele imaginar un robot tomando decisiones de forma independiente.

La realidad es muy distinta.

Los sistemas actuales, como el conocido da Vinci, son herramientas extraordinariamente sofisticadas, pero siguen estando completamente bajo el control del cirujano.

El médico mueve los controles.

El robot reproduce exactamente esos movimientos.

Si el cirujano deja de mover las manos...

...el robot también se detiene.

En otras palabras:

Los robots quirúrgicos actuales no operan. Ejecutan las órdenes del cirujano.

Durante más de veinte años, la cirugía robótica ha consistido precisamente en eso: aumentar la precisión humana, no sustituirla.


Lo que acaba de cambiar

El nuevo trabajo, publicado en Science Robotics por investigadores de Johns Hopkins University, introduce un cambio conceptual enorme.

El sistema desarrollado, llamado SRT-H (Surgical Robot Transformer–Hierarchy), no fue programado paso a paso como un robot industrial.

Fue entrenado observando aproximadamente 17 horas de cirugías realizadas por expertos.

Es decir...

Aprendió mirando a los cirujanos.

Después debía analizar el campo quirúrgico mediante visión artificial, reconocer la etapa de la operación en la que se encontraba y decidir cuál debía ser la siguiente acción.

Finalmente transformaba esa decisión en movimientos extremadamente precisos del instrumental.

Su proceso puede resumirse en cuatro pasos:

  1. Observar
  2. Interpretar
  3. Decidir
  4. Actuar

Y cuando alguna maniobra no salía exactamente como esperaba, era capaz de corregir parcialmente su comportamiento.

Ese detalle es probablemente el aspecto más revolucionario del estudio.


Una diferencia fundamental

Existe una enorme diferencia entre un robot industrial y un robot quirúrgico.

Un robot de una fábrica puede colocar el mismo tornillo millones de veces.

Siempre en la misma posición.

Siempre bajo las mismas condiciones.

El cuerpo humano, en cambio, nunca es exactamente igual.

Cada paciente presenta pequeñas diferencias anatómicas.

Los tejidos cambian.

Las arterias pueden variar de posición.

Puede existir inflamación.

Puede aparecer sangrado inesperado.

Cada operación constituye un problema distinto.

Y precisamente por eso la cirugía ha sido considerada durante décadas uno de los mayores desafíos para la inteligencia artificial.


Lo que realmente hizo el robot

Aquí conviene poner la noticia en perspectiva.

El experimento no se realizó sobre pacientes humanos vivos.

Los investigadores trabajaron con tejido porcino en condiciones experimentales.

El sistema ejecutó una parte compleja de una colecistectomía —la extracción de la vesícula biliar— realizando 17 tareas quirúrgicas distribuidas en ocho procedimientos.

Los autores reportaron una tasa de éxito del 100 % en las tareas evaluadas.

Ese número impresiona.

Pero debemos interpretarlo correctamente.

No significa que la cirugía autónoma ya sea segura para seres humanos.

Significa únicamente que el sistema cumplió correctamente los objetivos definidos dentro del protocolo experimental.

Es una diferencia enorme.


Automatización no significa autonomía

Estos dos conceptos suelen confundirse.

Automatizar consiste en repetir una secuencia previamente programada.

Ser autónomo implica observar el entorno, interpretar lo que ocurre y decidir continuamente cuál es la mejor acción.

Es exactamente la diferencia entre un ascensor y un automóvil autónomo.

El ascensor simplemente sigue instrucciones.

El automóvil debe reaccionar constantemente a situaciones nuevas.

La cirugía pertenece claramente a esta segunda categoría.

Por eso este trabajo resulta tan importante.


Un residente artificial

Existe una analogía que ayuda mucho a comprender el funcionamiento del sistema.

Cuando un residente comienza su formación quirúrgica, primero observa durante meses a cirujanos experimentados.

Escucha instrucciones.

Aprende a identificar estructuras anatómicas.

Después realiza maniobras sencillas.

Finalmente comienza a tomar decisiones cada vez más complejas.

SRT-H sigue una lógica sorprendentemente parecida.

No memoriza únicamente movimientos.

Aprende la secuencia lógica de un procedimiento.

Aprende cuándo avanzar.

Y aprende cuándo necesita corregirse.

Todavía está muy lejos del razonamiento clínico humano.

Pero el cambio conceptual ya es evidente.


¿Desaparecerán los cirujanos?

Ésta es la pregunta que inevitablemente surge.

Y probablemente sea la pregunta equivocada.

La historia de la medicina demuestra que las grandes innovaciones rara vez eliminan inmediatamente a los profesionales.

Transforman su trabajo.

La laparoscopia no eliminó a los cirujanos.

La resonancia magnética no hizo desaparecer a los radiólogos.

La navegación por GPS no sustituyó a los pilotos.

Cambió la naturaleza de su trabajo.

Con la cirugía autónoma probablemente ocurra exactamente lo mismo.

Durante muchos años veremos sistemas híbridos en los que la inteligencia artificial asumirá tareas específicas mientras el cirujano conservará la responsabilidad del procedimiento.


El quirófano del futuro

Es poco probable que el primer sistema clínico autónomo entre al quirófano para operar completamente solo.

Mucho más probable es que actúe como un copiloto inteligente.

Podrá advertir:

"La estructura que está viendo probablemente no corresponde al conducto esperado."

Podrá sugerir:

"Existe una variante anatómica."

Podrá alertar:

"El riesgo de lesión está aumentando."

Y quizá pueda realizar automáticamente determinadas maniobras repetitivas.

Todo ello mientras el cirujano supervisa permanentemente el procedimiento.

La aviación siguió exactamente ese camino.

La cirugía probablemente también.


La gran pregunta no es tecnológica

Es ética.

Si dentro de algunos años una inteligencia artificial lesiona accidentalmente una estructura anatómica...

¿Quién será responsable?

¿El cirujano?

¿El hospital?

¿El fabricante del robot?

¿Los desarrolladores del algoritmo?

La medicina moderna está construida sobre el principio de responsabilidad profesional humana.

La autonomía de las máquinas obliga a replantear completamente ese modelo.


Mi reflexión

Después de más de cuarenta años dedicado a la medicina y a la ingeniería biomédica, he aprendido que las verdaderas revoluciones tecnológicas rara vez llegan de forma espectacular.

Comienzan discretamente.

Al principio parecen simples experimentos de laboratorio.

Después mejoran lentamente.

Y un día descubrimos que han transformado por completo nuestra práctica profesional.

Tengo la impresión de que este trabajo pertenece precisamente a esa categoría.

No porque mañana vayamos a dejar que un robot opere solo.

Sino porque marca el inicio de una nueva relación entre el médico y la inteligencia artificial.

Durante siglos diseñamos instrumentos para ampliar la fuerza y la precisión de nuestras manos.

Hoy comenzamos a diseñar instrumentos capaces de colaborar con nuestro razonamiento.

Ese cambio puede ser tan profundo como lo fueron la anestesia, la antisepsia o la laparoscopia.


Una última reflexión

Quizá dentro de veinte años, antes de entrar al quirófano, un paciente ya no pregunte únicamente:

"Doctor, ¿cuántas veces ha realizado usted esta operación?"

Tal vez también pregunte:

"Doctor... ¿qué parte de mi cirugía realizará usted y qué parte realizará la inteligencia artificial?"

Cuando esa conversación se vuelva habitual, recordaremos estudios como éste no como el momento en que los robots sustituyeron a los cirujanos, sino como el momento en que comenzó una nueva forma de colaboración entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial.

Y, como siempre ocurre en medicina, el verdadero desafío no será desarrollar la tecnología.

Será aprender a utilizarla con prudencia, transparencia y poniendo siempre al paciente en el centro de cada decisión.


Referencia

Kim, J. W. (Brian) et al. SRT-H: A Hierarchical Framework for Autonomous Surgery via Language-Conditioned Imitation Learning. Science Robotics, 2025.

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