El nuevo “polvo magnético” que podría ayudar a sacar los microplásticos del agua
Durante años hemos hablado de la contaminación por plástico como un problema visible: botellas abandonadas, bolsas flotando en los océanos, envases acumulados en vertederos. Pero existe una dimensión mucho menos evidente —y posiblemente más difícil de controlar—: los fragmentos microscópicos de plástico que ya circulan por el agua, el suelo y el aire.
Ahora, investigadores de RMIT University, en Australia, han desarrollado un material magnético reutilizable que, en pruebas experimentales, logró eliminar más del 95% de microplásticos y nanoplásticos, incluyendo partículas de apenas 30 nanómetros, en aproximadamente una hora. El estudio fue publicado en agosto de 2026 en Chemical Engineering Journal. sciencedirect.com
El resultado es prometedor. Pero también es importante separar la ciencia real de los titulares demasiado entusiastas.
Porque tener un material capaz de limpiar agua en un laboratorio no significa todavía que podamos instalarlo mañana en todas las plantas de agua potable del mundo.
¿Qué son exactamente los microplásticos?
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico que se encuentran actualmente en numerosos ambientes. Una definición ampliamente utilizada considera microplásticos a partículas de hasta aproximadamente 5 milímetros, aunque las definiciones varían entre organismos y estudios. unep.org
Algunos son fabricados deliberadamente en tamaños pequeños, pero una gran parte procede de la degradación de objetos plásticos mayores.
Una botella de plástico no desaparece cuando se deteriora. Con el tiempo puede fragmentarse en pedazos cada vez menores.
Lo mismo ocurre con:
- envases;
- neumáticos;
- pinturas;
- césped artificial;
- textiles sintéticos;
- bolsas y películas plásticas;
- numerosos productos industriales.
La ropa de poliéster constituye un ejemplo particularmente interesante. Cada vez que lavamos una prenda sintética pueden desprenderse diminutas fibras que terminan en las aguas residuales. El problema es que esas fibras son demasiado pequeñas para ser observadas fácilmente y no siempre resultan sencillas de capturar mediante los procesos convencionales.
Y aquí aparece una segunda categoría todavía más pequeña: los nanoplásticos.
Cuando el plástico se vuelve prácticamente invisible
Imagine dividir un milímetro en un millón de partes.
Una de esas partes tendría aproximadamente un nanómetro.
El estudio de RMIT consiguió capturar partículas de plástico de aproximadamente 30 nanómetros, es decir, 0,03 micrómetros. sciencedirect.com
Para ponerlo en perspectiva, estamos entrando en una escala en la que detectar, medir y separar físicamente las partículas se vuelve considerablemente más difícil.
Los nanoplásticos son particularmente interesantes porque, debido a su tamaño, pueden comportarse de manera diferente a los fragmentos plásticos mayores. Además, todavía existen importantes dificultades metodológicas para medirlos de manera consistente en muestras ambientales.
Por eso conviene evitar una conclusión apresurada: que podamos detectar partículas de 30 nanómetros en un experimento no significa que sepamos exactamente cuántas partículas de ese tamaño existen en cada río, lago o vaso de agua que bebemos.
La ciencia todavía está trabajando en esa pregunta.
El ingenioso truco: utilizar un material que después podamos retirar con un imán
Aquí está la parte más interesante de la investigación australiana.
Los investigadores desarrollaron un adsorbente magnético denominado GDC@FeO@MOF, en el que una estructura basada en un metal-organic framework —MOF— se integra con componentes magnéticos. sciencedirect.com
La palabra importante es adsorbente.
No debemos imaginar que el imán atrae directamente todas las partículas de plástico como si fueran pequeñas limaduras de hierro.
El mecanismo es diferente.
Primero, el material entra en contacto con el agua contaminada y adsorbe los contaminantes sobre su superficie. Después, gracias a sus componentes magnéticos, el propio material puede ser separado del agua utilizando un campo magnético.
Es una idea conceptualmente sencilla:
contaminante → adsorbente → separación magnética → recuperación del adsorbente.
Y precisamente esta última etapa es crucial.
Un buen sistema de tratamiento no solamente debe capturar el contaminante. También debe permitir retirar el material utilizado para capturarlo.
De lo contrario, podríamos terminar trasladando el problema de un lugar a otro.
Los resultados son realmente interesantes
En experimentos de laboratorio, el material consiguió eliminar más del 95% de micro y nanoplásticos en un intervalo de aproximadamente 30 nanómetros a 8 micrómetros en 60 minutos. sciencedirect.com
Además, funcionó con diferentes tipos de plástico, incluidos polietileno, polipropileno y poliéster, y mostró actividad tanto en agua dulce como en agua salina. phys.org
Pero hay otro dato que merece atención: aproximadamente 80% de los contaminantes se eliminó durante los primeros 15 minutos en determinadas pruebas. phys.org
Esto podría ser importante para futuras aplicaciones industriales, porque el tiempo que un tratamiento necesita estar en contacto con el agua —el llamado tiempo de residencia— influye directamente en el tamaño y costo de una planta.
Y no solamente plástico
El material tiene otra característica interesante: puede capturar otros contaminantes.
Los investigadores reportaron más del 95% de eliminación de determinados contaminantes ensayados, entre ellos mercurio, cromo, cobre, colorantes e ibuprofeno. phys.org
También estudiaron sustancias PFAS, conocidas popularmente como “forever chemicals”, debido a su elevada persistencia ambiental.
Pero aquí debemos ser especialmente rigurosos.
El estudio no demuestra que el material elimine todos los PFAS. Los investigadores obtuvieron resultados positivos con determinados compuestos, particularmente PFDA, y el propio equipo considera esta parte de la investigación todavía temprana. El artículo reporta más de 85% de eliminación de PFDA y alrededor de 90% de eliminación simultánea de PFDA y microplásticos bajo determinadas condiciones. sciencedirect.com
Esto es prometedor, pero “PFAS” representa una familia enorme de sustancias químicas. Una tecnología que funciona bien con un compuesto no necesariamente funcionará igual con todos los demás.
La verdadera prueba: aguas residuales de lavandería
Una de las partes que considero más interesantes de este trabajo es que los investigadores no se limitaron a utilizar agua artificial preparada en el laboratorio.
También probaron el material con aguas residuales industriales procedentes de lavanderías, donde existen fibras sintéticas y otros contaminantes.
En esas condiciones consiguieron eliminar más del 88% de las fibras de poliéster y colorantes. Además, demostraron el proceso en un prototipo de aproximadamente 4 litros utilizando un separador magnético comercial. sciencedirect.com
Esto no equivale todavía a una planta industrial de gran capacidad, pero representa un paso importante.
Porque el agua real es mucho más complicada que el agua de laboratorio.
Contiene materia orgánica, sales, detergentes, otros contaminantes y partículas que pueden competir por los mismos sitios de adsorción.
¿Y se puede reutilizar?
Sí, y este aspecto puede ser decisivo para la viabilidad económica.
Los investigadores reportaron que el material podía reutilizarse durante cinco ciclos, además de poder someterse a regeneración térmica. sciencedirect.com
La posibilidad de recuperar el adsorbente mediante magnetismo y reutilizarlo es precisamente uno de los elementos que hacen atractiva esta tecnología.
Sin embargo, cinco ciclos todavía están muy lejos de demostrar que el material pueda utilizarse cientos o miles de veces en una planta industrial.
Ahí queda mucho trabajo por hacer.
¿Estamos entonces ante la solución definitiva para los microplásticos?
No.
Y esta es probablemente la parte más importante de toda la historia.
El estudio demuestra un resultado experimental muy prometedor, pero todavía estamos hablando fundamentalmente de investigación y prototipos.
Antes de utilizar esta tecnología de manera generalizada habría que responder preguntas fundamentales:
¿Funciona igual con aguas residuales de composición muy variable?
¿Cuánto cuesta producir el material a gran escala?
¿Cuánto material se pierde durante cada ciclo?
¿Puede reutilizarse decenas o cientos de veces?
¿Consume mucha energía su regeneración?
¿Existe alguna posibilidad de que componentes del adsorbente pasen al agua?
¿Dónde terminan finalmente los microplásticos y los PFAS capturados?
Y, quizá la pregunta más importante:
¿cuánto cuesta limpiar cada millón de litros de agua?
La ingeniería comienza precisamente donde termina el experimento de laboratorio.
El problema no desaparece simplemente porque podamos capturarlo
También debemos recordar algo fundamental: la mejor estrategia contra los microplásticos sigue siendo evitar que lleguen al ambiente.
Una tecnología capaz de retirar microplásticos del agua es extraordinariamente útil, pero no debería convertirse en una excusa para continuar produciendo y descartando plástico sin límites.
Es parecido a instalar una aspiradora gigantesca al final de una fábrica mientras mantenemos abierta la llave que libera el polvo.
Necesitamos ambas estrategias:
reducir la contaminación en su origen y mejorar nuestra capacidad para eliminar la contaminación que inevitablemente ya está presente.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que todavía existen importantes incertidumbres sobre los efectos de los microplásticos y nanoplásticos en la salud humana y que se necesitan más investigaciones. También reconoce que los procesos convencionales de tratamiento de aguas pueden eliminar una proporción considerable de los microplásticos, especialmente mediante tratamientos avanzados de filtración. who.int
Por tanto, tampoco debemos caer en el extremo opuesto y afirmar que beber agua con microplásticos equivale automáticamente a sufrir una enfermedad. La presencia de un contaminante y la demostración de un riesgo clínicamente significativo no son la misma cosa.
Una tecnología que merece nuestra atención
La investigación de RMIT es importante por una razón que va más allá del número “95%”.
Combina varias ideas en un mismo sistema:
adsorción + nanotecnología + estructuras MOF + magnetismo + recuperación + reutilización.
Y eso podría ser más importante que cualquiera de los resultados individuales.
La ciencia avanza muchas veces de esta manera: no mediante una invención mágica que resuelve un problema de un día para otro, sino mediante la combinación inteligente de tecnologías existentes para superar una limitación que antes parecía difícil.
En este caso, la limitación es particularmente incómoda:
¿cómo retiramos del agua contaminantes que son demasiado pequeños para ser fácilmente filtrados y, al mismo tiempo, recuperamos el material que los captura?
El equipo australiano parece haber encontrado una respuesta prometedora.
Todavía no sabemos si esa respuesta terminará convirtiéndose en una tecnología comercial de uso masivo.
Pero sí sabemos algo: los plásticos que alguna vez consideramos demasiado pequeños para preocuparnos ya no son solamente un problema de los océanos. Son un desafío tecnológico, ambiental y científico que apenas estamos comenzando a comprender.
Y quizá el próximo gran avance en la lucha contra la contaminación plástica no sea fabricar un plástico que desaparezca.
Quizá sea aprender, finalmente, cómo recuperar lo que ya hemos dejado atrás.
Fuentes
- Haris M. et al. Scalable room-temperature synthesis of a MOF-based magnetic adsorbent for rapid simultaneous removal of PFAS and micro-nanoplastics. Chemical Engineering Journal, 542, 178141, 2026. DOI: 10.1016/j.cej.2026.178141. Artículo científico original en Chemical Engineering Journal
- RMIT University — información sobre la investigación
- United Nations Environment Programme — información sobre microplásticos
- World Health Organization — microplásticos y salud