Cannabis: la planta de Woodstock ya no existe — y eso cambia las reglas del juego
Para entender lo que está pasando con la marihuana hay que remontarse, como casi siempre en la vida, al principio.
Durante miles de años, el cannabis fue una planta humilde. Se cultivaba para hacer cuerdas, remedios caseros y, de vez en cuando, para fumarla en una pipa con amigos. La que se consumía en los sesenta, la de Woodstock, era una hierba suave, casi inofensiva. Por eso crecimos con esa idea grabada: la marihuana no es adictiva, porque es natural.
Y esa idea, hoy, es peligrosa.
Lo que cambió: la potencia
Lo que antes era una cerveza ligera ahora es un destilado. La flor que se consigue hoy en un dispensario contiene hasta quince veces más THC —el compuesto psicoactivo— que la de hace cincuenta años. Y ya no solo se fuma: se convierte en gomitas, en tinturas, en seltzers, en vapeadores que caben en el bolsillo de la camisa.
Como médico, la analogía que se me ocurre es la del alcohol: nadie duda de que beber licor concentrado emborracha más rápido que la cerveza. Con el THC pasa exactamente lo mismo, solo que tardamos décadas en darnos cuenta.
Los números que no nos contaron
Un estudio nacional recién publicado encontró que en 2024 el nueve por ciento de los hombres y casi el seis por ciento de las mujeres reportaron síntomas de trastorno por uso de cannabis — que es la forma elegante de decir adicción o abuso. Y lo más llamativo: de quienes usan cannabis, alrededor del treinta por ciento muestra síntomas del trastorno. Entre los bebedores, la cifra es de menos del veinte por ciento.
El aumento más pronunciado lo protagonizan las mujeres mayores de cincuenta: su consumo saltó un cuarenta por ciento entre 2021 y 2024. No me sorprende. Es la generación sándwich: cuidando padres ancianos y adolescentes difíciles, con carreras y rutinas de ejercicio, y sin tiempo para perder una mañana entera con una resaca. Muchas llegaron a las gomitas buscando dormir mejor o calmar la ansiedad.
Y las gomitas funcionan. Ahí está el dilema.
Lo que yo pienso, como médico
No estoy en contra del cannabis. He visto a pacientes con dolor crónico o artritis encontrar alivio donde los analgésicos no llegaban. El problema no es la planta: es que la versión moderna no se parece en nada a la que nuestros padres conocieron, y la gente sigue tratándola como si fuera la misma hierba suave de siempre.
La evidencia asocia el consumo actual con mayor riesgo de adicción, pérdida de memoria e incluso accidentes cerebrovasculares. No digo que vaya a pasarte a ti. Digo que hay que saber lo que se está consumiendo y en qué dosis, igual que se lee la etiqueta de un medicamento.
Mi recomendación es simple: si la usas, úsala como medicina, con intención y con medida. Pregunta en el dispensario la concentración de THC, no solo el sabor. Y si un día te descubres tomando otra gomita "solo para relajarte" cuando no planeabas hacerlo, esa señal merece atención.
Quizás, como le pasó a la autora de la reflexión que inspiró esta nota, no sea tan mala idea seguir olvidando dónde dejamos el vape.
Dr. Jose A. Cisneros, MD,Ph.D @drcisneros.com